jueves, 19 de agosto de 2010

Desencanto

Me despierto y todavía es de noche.
Los minutos ya no son parte de las horas. El reloj se detiene y se arrepiente porque reconoce su astucia para pintar los muros de la realidad color celeste y pasarle dos veces el bordecito color negro intenso.
Balbucea, pide perdón en silencio. Tres veces.

Finalmente sus rodillas caen sobre las rocas. Y ni ellas escuchan su llanto.

Retrato

Tengo  una vida que es pensada una mente que es nuestro lugar de afecto Coartada suficiente para secar mis ojos oceánicos todas las maña...